Desde niño siempre me gustaron las flores. Mi mamá siempre tuvo ese afán de tener y cuidar rosas y diversas flores. Su aroma, colores, forma y tamaño siempre me fascinaron. En cada salida o caminata que hago siempre me detengo a tomar fotos de las flores que encuentro, en su mayoría silvestres, esas que se encuentran por miles en épocas de lluvia, donde la montaña se torna de colores y aromas diversos. Mi lente macro es un gran compañero en estas jornadas por todo el Perú, ya que permite captar muchos más detalles que con uno convencional. También me he dado cuenta que hay menos abejas e insectos polinizando las flores.

El mercado de San Pedro, es el principal centro de abastos del Cusco, ubicado frente a la homónima estación de trenes, es, desde mediados del siglo pasado, el punto de reunión, tanto de las amas de casa, que buscan artículos de primera necesidad, como también para los “paccos”, (chamanes o brujos andinos), quienes buscan los ingredientes para sus pagos y ceremonias.

Cusco, hermosa ciudad, capital arqueológica de América, patrimonio cultural de la humanidad, capital histórica del Perú, entre tantos títulos honoríficos.

Ciudad colonial. El centro histórico mantiene aún muchas casonas que son patrimonio de la nación, no hay calle donde no se respire o se vea y palpite la historia al recorrerla, sorprendiendo a propios y extraños aún hoy en día, no es de extrañar porqué fue la capital de un imperio tan basto como el de los Incas.

Acompáñenme a dar un recorrido por algunas de éstas hermosas calles y plazas. Claro, de noche alumbrada por la luz de los postes, la luna y las estrellas.

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